HISTORIAS DE PROGRESO.

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Diego.
'Ahora me toca a mí'

Diego tenía 9 años cuando ingresó a Educación Para Crecer. Hoy, hizo una carrera universitaria, tiene un trabajo estable y decidió sumarse como Tutor Voluntario en el mismo programa en el que estuvo, porque se siente parte de Fundación Progresar.  
 
'Ahora me toca a mí. Este es un espacio incomparable, de amistad y compañerismo', afirma después de haber pasado la mitad de su vida compartiendo el espacio y con ganas de darle la misma oportunidad a otros chicos y chicas.
 
¿Qué quiere cambiar? Un niño o niña de clase media recibe 3.000 horas de intercambio lingüístico antes de comenzar el primer grado. Un niño o niña de bajos recursos, solo 230 horas.

Todas las semanas, un staff de 30 voluntarios como Diego y sus coordinadores, reciben a los 250 chicos/as que participan en los tres centros de Educación Para Crecer, buscando revertir esta realidad para los niños y niñas vulnerables.
 

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Sandra.
'Es mi espacio de reflexión'

Sandra participa en el Programa Crecer en Familia y tiene dos hijos en edad escolar, ambos becados por Progresar.
 
Sábado de por medio, Sandra asiste a talleres y actividades junto con las demás familias, para trabajar diversos temas relacionados con el rol de ser madres y padres, la educación, el crecimiento personal, la salud, entre otros. 'La beca es una gran ayuda, pero lo más importante para nosotras son las reuniones, las experiencias que compartimos, poder hablar con honestidad sobre lo que nos pasa como familia y lo que aprendemos juntos. Sentís que no estás sola, que construís en comunidad y que tenés una red que te banca', afirma.

Un antiguo proverbio africano dice que 'para criar a un niño o niña, hace falta la tribu entera', por eso con Crecer en Familia queremos transformar realidades: antes del programa, sólo el 30% de los chicos aprobaba el año escolar. Hoy, lo hace el 95%. El 60% de los y las egresadas continúa una carrera terciaria o universitaria.
 

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Enrique.
'Pude construir mi kiosco'

Enrique ingresó en el año 2007 al programa Préstamos para Crecer, a un grupo de emprendedores autollamado 'El Brendito'. Intentó por varios medios crear un emprendimiento que fuera la fuente de un ingreso económico para él y su familia de cinco. 

A pesar de sus ganas y su compromiso, emprender lleva tiempo y puede ser una suerte llegar a balancear todos lo que se necesita para lograrlo: apoyo económico, una situación familiar estable y que la economía no te lleve puesto, como pasa muchas veces en nuestro país.

Después de trabajar duro y de no abandonar sus ganas de progresar, en el 2009 se integró al grupo 'Confiando en nosotras'. Ahí encontró el apoyo que necesitaba para manejar temas familiares y entender que lo urgente no nos puede nublar lo importante. 

Hace once años que lo acompañamos en la creación y el fortalecimiento de su kiosco. Ahora él acompaña desde su experiencia a otros emprendedores que aspiran lograr lo mismo. 

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Karina.
'Soy enfermera'

Karina terminó el secundario a los 22 años. Siendo madre de cuatro hijos y trabajando a tiempo completo, realizar una carrera terciaria parecía un sueño lejano. Pero se acercó a Progresar, y con su fortaleza y empuje, se ha recibido de Enfermera.

 

'Contar con el préstamo de honor fue fundamental para dejar de trabajar como empleada doméstica, dedicándome de lleno a mis estudios y mis hijos. El apoyo de mi tutora resultó definitorio para no abandonar en ciertos momentos de dificultad', sostiene.

En lo que va del programa, 12 estudiantes lograron concluir sus estudios terciarios o universitarios en ingeniería mecánica, enfermería, educación física y radiología.

Los/as participantes regresaron al programa para ser tutores voluntarios/as, renovando el voto de confianza que los donantes y Progresar les dieron y brindando un apoyo personalizado a las personas que continúan trabajando por su sueño de tener un título.